Viva Belgrado lleva años demostrando que quedarse quieto no es una opción. La banda cordobesa regresa este octubre con ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’, un disco que mira al pasado sin recrearse en la nostalgia, abre la puerta a nuevas formas de escribir canciones y llega en un momento especialmente dulce para el grupo. Los adelantos ya han dejado algunas pistas, de la familiaridad de «Un andalucito más» al desconcierto de «Súper Futuro», pasando por la inesperada colaboración con Alain Johannes en «Menquitofla».
Pero hay más cosas fluyendo bajo la superficie. Una nueva formación que ha encontrado su sitio, una amistad que se transforma con los años, Córdoba como paisaje inevitable y un Cándido que confiesa su creciente fascinación por el ambient mientras fantasea con discos que todavía parecen lejanos. También hay espacio para hablar de cassettes, influencers, bandas que le gustaría escuchar versionando sus canciones y hasta de volver al Canela Party disfrazados.
Charlamos con el vocalista de Viva Belgrado sobre un álbum que no pretende cerrar ninguna etapa, sino quitarse unas cuantas espinas para poder seguir avanzando, porque si algo queda claro durante la conversación es que la banda no parece tener demasiadas ganas de hacer dos veces lo mismo.
«No vamos a repetir otro disco de singles»
Hay una cosa bastante divertida en la manera que tiene Viva Belgrado de presentar sus discos, ya que parece que disfrutan especialmente cuando consiguen que el público no tenga ni idea de por dónde van a salir. En lugar de enseñar todas las cartas prefieren sacar un adelanto que suene familiar y después colocar otro que obligue a replantearse lo que uno creía que iba a encontrarse. Con ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’ la jugada vuelve a funcionar.
«Un andalucito más» conecta con ese universo que quienes llevan años siguiendo a la banda reconocen casi inmediatamente, «Súper Futuro» en cambio va por otro sitio. Suena distinta, sorprende y deja la sensación de que quizá el disco no va a ser exactamente lo que esperábamos… esa es precisamente parte de la gracia.
Cándido cuenta que el tema comenzó siendo algo bastante diferente. En la maqueta había más guitarras eléctricas, efectos de phaser y unas voces mucho más enterradas en la mezcla. En el estudio decidieron desmontarlo y reconstruirlo. Ricky y Jordi, responsables de la producción y la ingeniería del álbum, tuvieron bastante que ver en ese proceso. La idea era dejarse llevar, probar cosas y ver hasta dónde podía llegar una canción que inicialmente apuntaba en otra dirección.
No es una estrategia nueva para Viva Belgrado. Ya habían jugado a desconcertar con «Júpiter» de ‘Cancionero de los Cielos’, cuando el componente electrónico todavía resultaba una rareza dentro de su repertorio. Los adelantos suelen ser, de hecho, las canciones que más se salen de la norma. Y para el siguiente adelanto todavía estaban barajando opciones, incluida otra pieza electrónica que podría volver a descolocar al personal.
Lo interesante es que esa voluntad de sorprender no responde únicamente a una cuestión promocional. El nuevo disco nace de una idea bastante concreta, la de comprobar qué sucede cuando Viva Belgrado intenta escribir canciones más directas, con estructuras reconocibles de estrofa y estribillo, y se propone hacer singles sin renunciar del todo a su identidad.
«El mantra era: vamos a hacer un disco de Viva Belgrado intentando hacer singles»
Para llevarlo a cabo eligieron trabajar con Ricky, acostumbrado a desenvolverse en terrenos más cercanos al pop. El resultado es un álbum en el que muchas canciones repiten estructuras que la banda había utilizado relativamente poco en sus cuatro discos anteriores. La sensación es la de un grupo que se ha permitido experimentar con una fórmula distinta, no necesariamente para quedarse en ella sino para averiguar qué podía sacar de ahí. Como quien lleva tiempo pensando en hacer algo, se decide por fin y una vez resuelta la curiosidad empieza a imaginar otras posibilidades.
«Siento que ahora que lo hemos hecho, ya nos lo hemos quitado de en medio»
Y ahí aparece una de las ideas más interesantes de toda la conversación, y es que este disco puede ser importante precisamente porque no tiene por qué marcar el camino de los siguientes.
Entre las sorpresas de esta nueva etapa está «Menquitofla», que cuenta con la participación de Alain Johannes. Para quienes conocen su trayectoria la asociación resulta llamativa. Johannes ha trabajado con artistas y proyectos de la talla de Queens of the Stone Age y Chris Cornell, además de desarrollar una carrera vinculada a la producción y a la música de otros. No es necesariamente el primer nombre que uno asociaría con Viva Belgrado, y quizá por eso la colaboración tiene tanto interés.
Lo curioso es que no surgió de un plan elaborado durante meses ni de una búsqueda consciente de un nombre con el que dar más repercusión al lanzamiento. La canción ya estaba terminada cuando al final de la grabación el productor y el ingeniero del disco empezaron a darle vueltas a la posibilidad de incorporar a Johannes. Les parecía que su sensibilidad podía encajar con la progresión de acordes y las armonías del tema.
La conversación tuvo lugar después de cenar, entre cervezas, con esa clase de ideas que aparecen cuando un trabajo está prácticamente cerrado y alguien se pregunta qué pasaría si se probara una última cosa. Alain había grabado en varias ocasiones en el estudio y mantenía una relación cercana con Eli, la persona encargada del booking. Ricky aprovechó esa conexión para plantear la posibilidad.
A partir de ahí todo fue mucho más sencillo de lo que cabría imaginar. La banda le dejó libertad para decidir qué aportaba, podían ser unas guitarras, unas percusiones, unos coros o lo que le apeteciera.
«Todo lo opuesto a lo que puedas pensar de una persona de su categoría, de su discografía, de su nivel»
Es lo que más recuerda Cándido sobre la experiencia de trabajar con él. La colaboración fue rápida, fácil, y a juzgar por su entusiasmo, de esas que dejan buen sabor de boca más allá del resultado musical.
Hay otro detalle interesante, y es que Johannes ha pasado por España en varias ocasiones, tanto para tocar como para trabajar con bandas, y parece tener una relación cercana con la escena musical de aquí. Pero más allá de las posibles conexiones, Cándido reconoce que una parte del público de Viva Belgrado quizá no sea consciente de quién es exactamente el invitado.
Y tampoco es tan extraño. Johannes pertenece a esa categoría de músicos cuya influencia se nota mucho más de lo que se ve. Ha participado en proyectos importantes, ha trabajado como músico de sesión, ha acompañado a artistas en directo y ha contribuido a construir sonidos reconocibles desde una posición menos expuesta que la de los nombres que aparecen en las portadas.
Precisamente ahí reside parte del atractivo de «Menquitofla», en juntar dos mundos que sobre el papel no tenían por qué encontrarse.
El tema también ha encontrado su propia vida en internet. El fragmento del «ay, ay, ay» ha servido para acompañar memes y situaciones cotidianas. Cándido se lo toma con humor y reconoce que quizá deberían plantearse prestar algo más de atención a TikTok, aunque Viva Belgrado ni siquiera tiene cuenta en la plataforma.
No parece que la banda vaya a convertirse de repente en una máquina de fabricar vídeos virales, pero tampoco hay demasiada preocupación por controlar lo que sucede con una canción una vez que sale al mundo. Si un fragmento acaba convertido en meme y ayuda a que más gente se acerque a su música, bienvenido sea.
Los cambios de integrantes forman parte de la historia de casi cualquier banda que lleva tantos años funcionando, pero no todos pesan lo mismo. Cuando se marcha alguien que ha estado ahí desde el principio, no desaparece únicamente una persona, también se mueven las dinámicas, las costumbres y una manera de entender el grupo que se ha construido con el tiempo.
En Viva Belgrado la salida de Ángel ha sido uno de esos momentos. Cándido no esconde que fue difícil asumirlo, aunque insiste en que Ángel hizo todo lo posible para que la transición resultara sencilla. Participó en la despedida y ayudó durante el proceso de incorporación de Cristina, que se ha hecho cargo del bajo.
La relación entre ambos tampoco se ha roto por el hecho de dejar de compartir escenario. Siguen siendo cercanos y Ángel continúa vinculado al grupo a través del trabajo de merchandising, que realizan con su empresa. Una forma bastante práctica de recordar que abandonar una formación no tiene por qué equivaler a desaparecer de la vida de quienes la integran.
Aun así Cándido reconoce que tuvo momentos de incertidumbre. Después de tantos años con unas dinámicas asentadas, incorporar a alguien nuevo supone aceptar que el grupo puede cambiar de una forma imprevisible. La pregunta no es solo si la nueva persona sabrá tocar las canciones, sino qué sucederá cuando empiece a formar parte de la vida cotidiana de la banda.
En el caso de Cris la respuesta parece haber llegado bastante rápido. Cándido explica que a la hora de elegirla el encaje personal pesaba tanto o más que el virtuosismo instrumental. Viva Belgrado no necesita necesariamente a alguien que convierta cada ensayo en una exhibición técnica, sino a una persona capaz de convivir con su particular manera de hacer las cosas.
«Somos muy tranquis, esos chicos que van leyendo en la furgo, que salen poco, que hablan bajito, y ella es esa persona»
La incorporación tiene algo de salto al vacío. Cris venía de tocar el teclado y la guitarra, y ha aprendido a tocar el bajo para entrar en la banda, no se ha limitado a preparar el repertorio para salir de gira. También ha participado en la composición, ha aportado ideas y ha contribuido con una canción al nuevo trabajo.
La formación actual ya está dejando su huella en la música. En una banda como Viva Belgrado, donde la guitarra tiene un peso importante tanto en el sonido como en la composición, las incorporaciones anteriores también han provocado cambios significativos. Cándido reconoce la influencia de Jaime (Catorce) y apunta que la presencia de Cris introduce otra dimensión, incluso desde el punto de vista visual: pasar de una formación integrada por cuatro hombres a una en la que hay una mujer modifica inevitablemente la imagen del grupo.
No se trata de convertir ese cambio en una declaración grandilocuente, sino de reconocer que la personalidad de una banda también se construye con quién está sobre el escenario y con la forma en que cada integrante contribuye al conjunto. Después de una etapa algo convulsa, Cándido siente que Viva Belgrado ha vuelto a encontrar un periodo de estabilidad.
«Creo que ahora está en otro de esos momentos muy dulces y muy estables»
Y cuesta no relacionar esa sensación con otro de los temas que atraviesan el álbum, como es la amistad. Viva Belgrado comenzó su andadura en 2011. Desde entonces han pasado discos, giras, kilómetros de carretera y cambios en la formación. También han cambiado las vidas de quienes empezaron el proyecto. Cándido es el único miembro original que permanece, así que la amistad de los primeros años no puede ser exactamente la misma que la que existe entre quienes comparten hoy el día a día del grupo.
Con Ángel y Álvaro, antiguos integrantes que siguen viviendo en Córdoba, mantiene una relación muy buena. No se ven necesariamente todas las semanas, porque la vida adulta y los compromisos de la banda hacen que resulte más complicado coincidir, pero continúan quedando y manteniendo el contacto.
Con los miembros actuales sucede algo diferente. La convivencia musical ha ido construyendo una amistad que va más allá de los ensayos y los conciertos. Muchas horas de furgoneta terminan por llevarte a hablar de cosas que poco tienen que ver con el siguiente disco: inquietudes, problemas, secretos y todo lo que acaba apareciendo cuando compartes tanto tiempo con las mismas personas.
Cándido define el momento actual con una palabra que, aplicada a una banda que lleva tantos años funcionando, tiene algo de entrañable:
«Estamos en ese punto de enamoramiento, que ojalá dure mucho tiempo».
También se entiende mejor desde ahí su manera de afrontar las relaciones dentro del grupo. Cuando le planteo si sería capaz de mantener una banda con alguien con quien no se lleva bien, como ha ocurrido históricamente en algunas formaciones de rock, no se apresura a dar una respuesta rotunda. Reconoce que no se ha encontrado en esa situación y que las cosas cambian cuando la música es también el sustento económico de quienes la hacen.
Viva Belgrado no vive de la banda, y eso condiciona la manera de entender el proyecto. Si alguien deja de sentirse cómodo, Cándido cree que lo más probable es que termine marchándose. No hay necesidad de mantener una convivencia insostenible para proteger una maquinaria económica.
Quizá por eso la amistad no aparece aquí como una consigna bonita para acompañar el lanzamiento, tiene más que ver con algo bastante cotidiano como aceptar que las relaciones evolucionan, que algunas personas dejan de compartir el mismo proyecto y que eso no obliga a borrar lo que hubo antes.
El título del disco parece contener una imagen bastante clara, la del agua que sigue pasando por el mismo lugar mientras todo lo demás cambia. Pero Cándido no lo plantea como una metáfora cerrada que haya que descifrar para entender el álbum. El Guadalquivir es antes que nada el río que atraviesa Córdoba, a partir de ahí la banda construye una imagen que conecta con el paso del tiempo y con la posición que ocupan las canciones dentro de una vida que continúa avanzando.
«Las canciones de este disco son lo que ha ocurrido mientras el disco siempre ha estado fluyendo, sigue fluyendo y seguirá fluyendo por siempre»
La idea tiene algo de diario personal sin necesidad de convertirse en una narración estrictamente autobiográfica. Las canciones recogen momentos, pensamientos y situaciones que suceden mientras la vida sigue su curso. Algunas cosas parecen importantes cuando ocurren y después pierden peso, otras adquieren un significado distinto cuando uno vuelve a ellas con cierta distancia.
El álbum también incorpora referencias a distintos tiempos verbales, tanto en los títulos como en las letras. El río y el tiempo terminan funcionando como dos imágenes que se reflejan mutuamente. En la conversación aparece además una sensación que atraviesa buena parte del disco, la de la posibilidad de mirar al pasado sin quedarse atrapado en él. Frente a la tendencia a convertir los recuerdos en una fuente permanente de melancolía, Cándido percibe en estas canciones una mirada algo más luminosa, capaz de recordar sin necesidad de dramatizar cada cosa que sucedió.
Es una de las razones por las que el nuevo trabajo puede sentirse como uno de los discos más positivos de Viva Belgrado. No porque la banda haya dejado atrás sus contrastes o haya decidido convertirlo todo en optimismo, sino porque parece haberse permitido observar lo vivido desde otro lugar. Y ahí vuelve a entrar Córdoba, ya que cuesta imaginar a Viva Belgrado sin el contexto del que procede, aunque su música no responda a los códigos que tradicionalmente se han asociado al rock andaluz.
Cándido distingue entre el rock hecho en Andalucía y el llamado rock andaluz como género, ligado a esas cadencias flamencas que han definido a determinados artistas. Son cosas que pueden convivir, pero que no tienen por qué confundirse. En su opinión sería extraño encajar a Viva Belgrado dentro de esa etiqueta por las connotaciones que ha adquirido.
Sin embargo la procedencia sigue importando. No necesariamente porque haya que buscar un acento musical reconocible en cada canción, sino porque una banda se construye también a partir de su entorno, de las personas con las que crece y de las experiencias que acumula en un lugar concreto. Córdoba está en el título, en la imagen del río y en la historia de la banda. No hace falta que aparezca en forma de guitarra flamenca para que siga siendo parte de ella.
En plena era del streaming, Viva Belgrado sigue editando su música a través de su propio sello Fueled by Salmorejo. La banda mantiene así cierto control sobre el recorrido de sus discos y sobre la manera en que llegan al público. Además el proyecto se extiende a otras actividades, como la organización de ciclos de conciertos.
Entre sus ediciones también hay cassettes, un formato que hoy se mueve en un terreno curioso a medio camino entre el objeto de colección, la nostalgia y una forma de escuchar música que muchos oyentes jóvenes ni siquiera han experimentado. Cándido no intenta venderlo como una alternativa superior al vinilo ni como una pieza imprescindible para entender el disco. En el caso de Viva Belgrado las ventas de cassette son menores, aunque no están tan lejos de las de CD. El vinilo sigue siendo el formato físico más vendido, pero los otros mantienen su pequeño espacio.
El cassette tiene para él un atractivo que depende bastante de lo que se escuche. Hay géneros a los que el sonido menos limpio les sienta especialmente bien, como el ambient o algunas formas de screamo y emo. En esas músicas la textura lo-fi puede formar parte de la experiencia en lugar de ser un defecto que haya que corregir. De hecho el ambient ocupa ahora mismo buena parte de su tiempo como oyente. Cándido calcula que representa alrededor del 80 % de lo que escucha, una cifra que ayuda a entender por qué esa música empieza a asomarse también al universo de Viva Belgrado.
Junto a Jaime y Cris ha ido explorando sonidos ambientales mediante pedales y pequeñas improvisaciones que ya han comenzado a incorporar a los conciertos. El disco incluye un interludio construido a partir de una base de drone, un arreglo de Rhodes grabado por Cris y una guitarra acústica. Es uno de los pocos lugares en los que esa afición reciente ha pasado directamente a la grabación.
La banda tiene una fantasía que todavía no ha convertido en realidad, justamente la de hacer un disco de ambient. Cándido lo cuenta con la prudencia de quien sabe que disfrutar de un género no significa necesariamente dominarlo como músico. Escuchar mucho jazz o flamenco, por ejemplo, no implica saber reproducir sus códigos…pero la idea está ahí, rondando. Y no parece descabellado que en algún momento una de esas inquietudes acabe convirtiéndose en el centro de un nuevo proyecto.
Si el ambient es una de las obsesiones musicales del presente, las bandas que han acompañado a Cándido desde hace años siguen ocupando un lugar especial. Entre ellas está Berri Txarrak, una referencia que aparece varias veces a lo largo de la conversación y que ayuda a entender algunas de las coordenadas emocionales de Viva Belgrado.
«Son una de las bandas de mi vida»
Los escucha desde que tenía quince o dieciséis años y reconoce la influencia de Gorka Urbizu tanto en su manera de cantar como en sus letras y en esa capacidad para combinar melodía, intensidad, melancolía y oscuridad. La trayectoria en solitario de Urbizu ha servido para que esa relación no se quede únicamente en la nostalgia por una banda que ya no está en activo. Cándido la entiende como una prolongación que permite seguir disfrutando de una sensibilidad musical que le ha acompañado durante buena parte de su vida.
La admiración también se proyecta hacia la idea de escuchar las canciones de Viva Belgrado interpretadas por otros artistas. En los últimos años distintos grupos han publicado recopilatorios de versiones para celebrar aniversarios o revisar su propio repertorio desde otras perspectivas. Viva Belgrado ya participó en una iniciativa relacionada con Triángulo de Amor Bizarro, así que la posibilidad de invertir los papeles tiene sentido.
El problema es que un proyecto de ese tipo requiere dinero, coordinación y artistas dispuestos a dedicar tiempo a reinterpretar canciones ajenas. Cándido no da por hecho que vaya a suceder, pero la lista de nombres que le gustaría escuchar es considerable: Lisabö, Berri Txarrak o Gorka Urbizu, Nueva Vulcano, Toundra, Cala Vento, Bernal y Comic Sans, entre otros.
También ve una afinidad con Rufus T. Firefly, pese a que ambas bandas trabajen desde lugares diferentes. No lo plantea como una colaboración que esté necesariamente sobre la mesa, sino como uno de esos encuentros que podrían funcionar por una manera compartida de entender la música. La cuestión no es tanto elaborar una lista de deseos como comprobar que, detrás de una banda con una personalidad reconocible, sigue habiendo un oyente que se entusiasma imaginando cómo sonarían sus canciones en manos de otros.
La relación entre la música y las redes sociales aparece de forma inevitable cuando se habla de la promoción de un disco. «Menquitofla» ha encontrado recorrido a través de los memes, y en su videoclip aparece la influencer Blanquini, pero Cándido no es precisamente alguien que esté pendiente de las últimas tendencias en Instagram. Intenta pasar el menor tiempo posible en la aplicación y admite que no conoce demasiado el universo de los creadores de contenido musical, ni siquiera a quienes llevan años ocupando un lugar importante en la conversación sobre discos.
Su postura no es exactamente una crítica. Entiende que los vídeos breves y las recomendaciones en redes son una forma nueva de descubrir música, sobre todo para quienes ya no consultan blogs o revistas especializadas. También reconoce que ofrecer las cosas más masticadas puede ayudar a que una canción llegue a alguien que de otro modo quizá nunca habría oído hablar de ella. Lo que no hace es fingir que conoce un terreno en el que apenas se mueve. Su respuesta es bastante más sencilla que cualquier debate sobre la legitimidad de los influencers, no tiene una opinión formada porque no sigue habitualmente ese mundo.
En ese punto la conversación deriva hacia la transformación de los medios musicales. Los medios tradicionales y los blogs que durante años sirvieron de referencia a una generación han perdido parte del protagonismo que tenían. Hoy compiten con vídeos de pocos minutos que condensan una recomendación, una reseña o una explicación sobre un lanzamiento. La inmediatez ha cambiado los hábitos de consumo y también las formas de trabajar, pero la conversación también deja abierta una posibilidad interesante: quizá los formatos que parecen agotados no desaparezcan del todo, sino que encuentren una manera distinta de volver.
Cándido menciona el auge de Substack y de las publicaciones que mezclan blog y newsletter. Es un ejemplo de cómo la escritura larga puede encontrar nuevos lectores cuando cambia el contexto y se adapta a otras formas de distribución, al igual que este mismo reportaje que estás leyendo…no hace falta convertirlo en una batalla entre lo viejo y lo nuevo. Los vídeos breves pueden ser una puerta de entrada a una banda, mientras que una entrevista extensa puede ofrecer el espacio necesario para hablar de lo que no cabe en tres minutos. El problema no es que existan formatos diferentes, sino pensar que uno tiene que sustituir por completo a los demás. Y visto lo que sucede con los cassettes o con los propios blogs, quizá sea pronto para dar por muerto ningún formato.
A la hora de valorar ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’, Cándido evita atribuirle la condición de punto de inflexión definitivo. Para él todos los álbumes de Viva Belgrado han sido discos de tránsito, etapas que permiten llegar a otro lugar sin necesidad de establecer una fórmula que deba mantenerse para siempre.
«Todos los discos de Viva Belgrado son discos de tránsito»
La frase resume bastante bien la lógica de una banda que ha ido alternando sonidos, estructuras y maneras de abordar la composición sin entender cada cambio como una ruptura con lo anterior. La diferencia de este álbum está en la intención con la que se ha construido, esta vez existía una curiosidad concreta por hacer canciones más directas y comprobar qué sucedería al aplicar esa fórmula al universo del grupo. No se trataba de convertirse en otra banda sino de descubrir qué podía ocurrir al trabajar con herramientas que habían utilizado poco.
Una vez resuelta esa inquietud, Cándido mira hacia adelante. No cree que el siguiente disco vaya a repetir el mismo planteamiento. Después de varios trabajos vinculados al screamo, de la variedad estilística de ‘Cancionero’ y de esta aproximación más pop, empiezan a aparecer otras posibilidades. No hay planes cerrados ni fechas que permitan anticipar nada, son ideas que todavía están lejos de convertirse en canciones, pero se nota que le atrae la posibilidad de empezar a trabajar desde un lugar distinto.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender el nuevo álbum, no como una despedida de lo que ha sido Viva Belgrado hasta ahora, ni como una declaración de intenciones que obligue a seguir una dirección concreta, sino como la oportunidad de probar algo que llevaban tiempo queriendo hacer y dejar espacio para la siguiente ocurrencia.
Mientras tanto queda la posibilidad de volver a verlos en directo. En la despedida de la conversación aparece el Canela Party, con su mezcla de música, humor y disfraces. Cándido reconoce que le encantaría regresar, aunque la decisión no dependa de la banda. Además el grupo tiene pendiente resolver qué hará la próxima vez que vuelva a tocar allí, porque el debate interno sobre los disfraces sigue abierto. Incluso si no les toca actuar en sábado, deja caer que quizá vuelvan a disfrazarse igualmente.
Es un buen cierre para una conversación sobre una banda que se toma en serio la música, pero no parece necesitar solemnidad para hablar de ella. Viva Belgrado sigue haciendo canciones, cambiando de piel, aprendiendo a convivir con las ausencias y descubriendo nuevas maneras de trabajar. El río continúa pasando por Córdoba, ellos mientras tanto siguen buscando qué hacer con todo lo que viene después.
El cuarteto cordobés publicará su quinto álbum ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’ el próximo 23 de octubre.



